Cinco tipos de nidos en las lindes de Amagro

 Las fincas situadas en las zonas bajas del Amagro histórico, en este caso en su vertiente oriental, junto al barranco de Las Majadillas o de San Isidro, ofrecen refugio a numerosas aves. Algunas permanecen durante todo el año; otras se hacen más visibles desde la primavera, cuando comienza la época de cría.

En este paisaje compartido encuentran agua, insectos, frutos y otros alimentos. También disponen de árboles, arbustos y cultivos donde construir sus nidos. Las plataneras y los frutales se convierten así en lugares de reproducción, aunque esta convivencia entre las aves y la actividad agrícola no siempre está exenta de dificultades.

Linaceros, perdices, alcaravanes, frailescos, pupules, chirrilas, pintos, tórtolas turcas, mirlos, capirotes, canarios del monte y horneros forman parte de este entorno. En esta ocasión nos detendremos en los nidos de estas cinco últimas especies. Sus construcciones, muy diferentes entre sí, muestran distintas formas de utilizar los materiales y la vegetación disponibles en las lindes de Amagro.

Pichones de tórtola turca en un nido construido entre la vegetación de una finca.

La tórtola turca: una plataforma de apenas unas ramas

La tórtola turca (Streptopelia decaocto) llegó a Canarias después de una larga expansión geográfica y hoy forma parte habitual de los espacios urbanos y agrícolas con algo de vegetación. Su presencia se reconoce por sus arrullos y por la facilidad con la que se instala cerca de las personas.
Construye uno de los nidos más sencillos del conjunto. En el cruce de dos ramas coloca unos pocos palitos hasta formar una plataforma poco compacta. Sobre ella suele poner dos huevos.
La estructura parece demasiado endeble para sostener a los pichones cuando crecen. A los pocos días, estos ocupan casi toda la superficie y quedan muy expuestos en los bordes. Esta falta de espacio puede favorecer la caída de alguno de ellos.


Nido de tórtola turca. Su plataforma está formada por un conjunto poco compacto de ramas y palitos.

Detalle de los pichones de tórtola turca dentro del nido.

Los pichones ocupan gran parte de la plataforma pocos días después de nacer.

El mirlo común: una copa de fibras y barro

El mirlo común (Turdus merula) construye un nido mucho más compacto. Utiliza una gran cantidad de pajullos, pequeñas ramas, raíces y otras fibras vegetales, que entrelaza y refuerza con barro hasta formar una copa profunda.

En las fincas de este entorno es frecuente encontrar sus nidos en las primeras manillas de los racimos de plátanos. El material acumulado y los movimientos de las aves pueden afectar a la fruta, por lo que su presencia puede entrar en conflicto con el trabajo agrícola.

Los nidos activos no deben tocarse, trasladarse ni retirarse. La observación debe realizarse a distancia, evitando alterar la incubación o la alimentación de los pollos. Una vez terminada la reproducción, el nido vacío permite apreciar su complejidad y la variedad de materiales empleados.

Aunque las plataneras ofrecen un soporte habitual, los mirlos también pueden construir en árboles y arbustos. Las imágenes tomadas en este entorno muestran distintas etapas: el nido terminado, la puesta y el nacimiento de los pollos.

Nido de mirlo construido entre las manillas de un racimo de plátanos.

Puesta de mirlo común. El color azulado de los huevos contrasta con los materiales vegetales del nido.

Pollo recién nacido junto a dos huevos todavía sin eclosionar.

El capirote: una cesta ligera entre las ramas

El capirote o curruca capirotada (Sylvia atricapilla) construye un nido ligero y poco voluminoso. Lo coloca entre ramas situadas a escasa altura, donde puede quedar oculto por las hojas.

La estructura tiene forma de pequeña cesta. Está compuesta por tallos finos, hierbas secas, raíces y otras fibras entrelazadas. A diferencia del nido del mirlo, no presenta una capa gruesa de barro ni una base compacta.

Durante el proceso de reproducción, el macho puede iniciar varias construcciones. La hembra participa en la elección del emplazamiento y uno de esos nidos se completa para realizar la puesta. Por este motivo pueden encontrarse estructuras inacabadas que no llegaron a utilizarse.

El capirote ha sido una de las aves capturadas para criarla en cautividad. Sin embargo, la captura y retención de ejemplares silvestres, pollos, huevos o nidos no está permitida. Su lugar está entre la vegetación, donde puede completar su ciclo reproductivo.

Nido de capirote, tejido con tallos y fibras vegetales entre ramas situadas a poca altura.

Pollos de capirote reclamando alimento desde el interior del nido.

El canario del monte: una construcción acolchada

El canario del monte o serín canario (Serinus canaria) confecciona un nido más elaborado. La estructura exterior está formada por fibras vegetales, raíces y tallos finos. El interior incorpora materiales suaves que proporcionan aislamiento y forman una cavidad compacta.

En las fincas puede aprovechar fibras naturales disponibles en el entorno. La fotografía muestra también el uso de fibras sintéticas. Estas pueden causar enredos, por lo que no es recomendable dejarlas a disposición de las aves. Si se desea favorecer la nidificación, resulta más seguro mantener vegetación variada y permitir la presencia de materiales naturales como hierbas secas, pequeñas raíces, hojas y musgo.

El canario suele emplazar el nido a mayor altura que el capirote. En el entorno observado puede situarlo alrededor de los dos metros, entre ramas que proporcionan soporte y protección.

Comparación entre dos construcciones: a la izquierda, el nido acolchado del canario del monte; a la derecha, la estructura más ligera y abierta del capirote.

El hornero: un refugio cerrado con entrada lateral

El hornero (Phylloscopus canariensis), el mosquitero canario, es la especie más pequeña de este conjunto. Sin embargo, construye un nido de tamaño considerable en relación con su cuerpo.

Su nombre local alude a la forma de la construcción. El nido recuerda a un pequeño horno: es redondeado, está cubierto por la parte superior y presenta una abertura lateral. Esta estructura cerrada lo diferencia de las copas abiertas construidas por mirlos, capirotes y canarios.

El hornero entrelaza hierbas secas, hojas, fibras, pequeñas ramas y plumas. Suele afianzar el nido en la división de varias ramitas de un árbol frutal, aunque también puede instalarlo en plataneras. La vegetación que rodea la entrada ayuda a ocultarlo.

El mosquitero canario es una especie propia de Canarias. Su presencia aporta un valor especial a este recorrido por las aves que aprovechan las fincas y los frutales de las lindes de Amagro.


Nido de hornero o mosquitero canario. La estructura cerrada y la abertura lateral explican el origen de su nombre local.

Cinco nidos, un mismo paisaje

Estas cinco especies construyen de maneras muy diferentes. La tórtola deposita unos pocos palitos sobre una rama; el mirlo levanta una copa reforzada con barro; el capirote teje una cesta ligera; el canario forma un recipiente acolchado, y el hornero crea una estructura cubierta con entrada lateral.

Todas ellas utilizan los recursos presentes en el entorno. Los frutales, las plataneras, los arbustos, el agua y la vegetación de las lindes convierten las fincas en espacios de alimentación y reproducción.

Los nidos hablan también de la relación entre naturaleza y actividad humana. Algunos se instalan en lugares que interfieren con el trabajo agrícola; otros incorporan materiales procedentes de ese paisaje transformado. Conocerlos permite mirar las fincas de otra manera y comprender que el valor natural de Amagro se extiende también a sus márgenes, barrancos y terrenos cultivados.

Observar un nido exige prudencia. No es necesario acercarse, apartar las ramas ni tocar a los pollos para disfrutar de estas construcciones. Una mirada respetuosa y la escucha de los cantos bastan para descubrir a sus habitantes.

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