Tunera mansa, tunera india
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| Códice de Tovar, finales del siglo XVI |
Una de las plantas foráneas que definen gran parte de nuestro paisaje de costa y medianías es, sin lugar a duda, la tunera. Su versatilidad es tal que se adapta sin esfuerzo a terrenos llanos o abruptos, profundos o someros, con preferencia por los soleados a los umbríos.
Originarias de América, en Canarias ya es posible encontrarlas desde el siglo XVI, pues por entonces ya habían pasado a Italia o España en cuyos terrenos más áridos encontraron un nicho ecológico idóneo, “como en patria propia”, al decir del doctor Laguna. Con la introducción de la cochinilla, en el siglo XIX, se produce la gran propagación de su cultivo, aunque ya existían ejemplares asilvestrados al menos a finales del XVIII, como testimonia George Glass.
Dos son las principales especies que se han naturalizado en las Islas: la tunera india (Opuntia dillenii) y la tunera mansa (Opuntia ficus-indica). Ambas llegan a formar poblaciones tan densas y extensas que se vuelven impenetrables y llegan a impedir por completo el crecimiento de la flora nativa, lo que las convierte en unas de las plantas invasoras más agresivas y dañinas.
| Tunera india (Opuntia dillenii). Foto: Francisco Molina González |
La tunera india se distingue por tener en las palas, aparte de los comunes rosetones de púas pequeñas y finas, otras mucho más largas y recias en cuyas bases se instalan aquellas. Sus frutos, única parte utilizada, pasan por medicinales. Ocupan los terrenos más agrestes y pobres y a veces se usan como lindero o para impedir el paso a las propiedades.
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| Detalle de la tunera india (Opuntia dillenii) |
La tunera mansa tiene unas palas más carnosas, que se usan como alimento para el ganado, y unos frutos (de color amarillo, blanco o rojo) consumidos comúnmente en fresco o pasados (las porretas).
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| Tunera común (Opuntia ficus-indica) |
En Amagro es más abundante la tunera india, prácticamente en todas las zonas. Las poblaciones más extensas se encuentran en la zona alta de El Cerrillal y en la cara oeste de Montaña Alta. La tunera mansa queda reducida al entorno de las fincas de las zonas bajas, a la base oriental de la montaña de El Roque y al Caserón del Perro, plantadas aquí en la década de los 80 del siglo XX, al igual que las pitas, constituyendo así el único enclave de ambas especies en toda la zona alta del Monumento Natural.
El tuno indio tiene la capacidad de teñir de rojo la orina. Ya Fernández de Oviedo (1478-1557) describió el proceso:
“si el que las ha comido se para a orinar, echa la orina ni más ni menos que verdadera sangre, y en tal manera, que a mí me ha acaecido la primera vez que las comí y desde una hora quise hacer aguas (a lo cual esta fruta mucho incita), que como vi la color de la orina, me puso en tanta sospecha de mi salud, que quedé como atónito y espantado, pensando que de otra causa intrínseca o nueva dolencia me hubiese recrecido; y sin duda la imaginación me pudiera causar mucha pena, sino que fui avisado de los que conmigo iban, y me dijeron la causa, porque eran personas más experimentadas y antiguas en la tierra” (La natural historia de Las Indias).
Como curiosidad diremos que los nombres tuno y tunera, usuales en varias de las islas Canarias, proceden del Caribe, complementado en el caso de la más “salvaje” con el adjetivo indio, india. Esta forma de denominar a algunas especies, para diferenciarlas de otras cercanas y más comunes, haciendo referencia al lugar del que se supone proceden, no es extraña: incienso morisco, salado morisco, orégano cubano…(a veces se pretende indicar que se trata de una especie de calidad inferior, silvestre…).
En Francia la llaman “figuier de Barbarie” (higuera de Berbería), en algunas zonas del norte de África (Berbería) dicen “tin Kanariyin” (higo de Canarias) y aquí “tuno indio”.
Para acabar, a la hora del consumo, recuerden que
“la pipa de almendra,
la uva y el tuno,
son las tres llaves
que trancan el culo”.

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