La libertad de un esclavo, José de la Trinidad, Teror 1793

 


1.     La esclavitud en Canarias

Tendemos a pensar en la esclavitud como cosa del pasado lejano, propia de lugares remotos, Asia o América, totalmente ajena a nuestra sociedad, incluso en tiempos pretéritos.

    Pero la esclavitud llegó a las Islas con las primeras arribadas del hombre europeo. Desde las primeras entradas tomaron presas que se llevaron a sus tierras como ejemplares exóticos y muestra de una de las riquezas potenciales del país.

    Con la conquista de las diferentes islas van apareciendo en las cortes y mercados de esclavos del Mediterráneo canarios que servirán de intérpretes en las otras islas a conquistar, mano de obra o atracción de feria. Importantes fueron los contingentes que procedían de Gran Canaria (especialmente a Sevilla), Tenerife (a partir de 1492, en Valencia), La Palma y Gomera (muy numeroso tras la rebelión de los gomeros de 1488).

    La esclavitud de los canarios, por tierras españolas y en la suya propia, continuó aun tras la conquista y la conversión masiva al cristianismo. Hubo esclavos de buena guerra (los pertenecientes a los bandos que no pactaron y fueron sometidos a la fuerza) pero también se sometió a esclavitud, ilegalmente, a otros pertenecientes a los bandos de paces.

    (…)

    Ya en el siglo XVI comenzaría a importarse esclavos moriscos, negros y, muy escasos, procedentes de América. Los motivos para esclavizar eran guerra, nacimiento y pago por deuda. De la primera ya hemos hablado, la última resulta evidente y sobre la esclavitud por nacimiento volveremos más adelante, baste ahora decir que los hijos de esclava nacían esclavos.

    Los trabajos a que eran destinados iban, sin olvidar la prostitución o el abuso sexual dentro de la propia casa, desde los más duros como mulos de carga en muelles o ciudades, la agricultura, ganadería o como artesanos, hasta el servicio doméstico. Los esclavos, y su progenie, pasaban de un propietario a otro a través de venta o permuta, o a sus descendientes en herencia, como otra posesión más.

    En cualquiera de los casos el esclavo podía obtener la libertad mediante pago, bien por parte de otros, o por sí mismos, con el dinero producto del trabajo extra que se le permitía, a veces, realizar. En ocasiones, el amo, normalmente en su testamento, daba la libertad al esclavo a la hora de su muerte alegando buenos servicios e incluso familiaridad en el trato…

2.     José de la Trinidad

Diferente es el caso de José de la Trinidad, nacido en La Vega, esclavo, al igual que su mujer y sus dos hijos, Ana y José, de Sebastián Barrera, de Teror. Parece, pues, que Sebastián Barrera, unos 40 años atrás, lo había comprado a su anterior dueño, Bartolomé de Vega, en cuya casa nació, hijo de María, una de sus esclavas. Era José un esclavo de nacimiento. Se consideraban tales a los hijos de esclava, aunque el padre, legítimo o no, fuera libre. Se cumplía así el dicho todavía en uso: El amo de la vaca, es el amo del becerro.

    Sebastián Barrera le había prometido la libertad para cuando muriera, pero al no hacerlo, sus hijos piden a la Audiencia que nombre perito, de forma que, fijado el valor del padre, pudieran ellos satisfacerlo a la viuda y heredera y así viviese sus últimos años como persona libre.

    (…)

    El día de santa Adelaida de hace 232 años, José de la Trinidad nació, a sus casi 79 años, a la libertad. Desde ella pudo mirar esa Navidad a sus hijos y mujer, que seguiría calentándole el café y leche a doña Catalina, libre ahora de tener que mantener a un viejo, inútil para el trabajo. Y a la Historia, aunque solo sea local, pasan los Barrera, los capitanes, las doña Catalina, los presbíteros, los Ruiz de Quesada o Sobranis de Cabrejas, los que pasiaban elegantes las calles nobles de las villas o la Ciudad, pero quienes mantenían limpias las estancias y las ropas que ellos presumían camino de la iglesia, los que manejaban el arado y daban de comer a todos, los que giraban el mundo con sus brazos, eran los José de la Trinidad, las Lucana y sus hijos Ana y José.

    por Domingo Oliva Tacoronte

NOTA.

El texto anterior es un extracto de un artículo más detallado y documentado al que se puede acceder pulsando en el siguiente enlace.

https://www.gobiernodecanarias.org/cmsgob1/export/sites/cultura/archivo_historico_lp/.content/AHPLP_galerias/PUBLICACIONES_AHPLP_pdf/AHPLP_Colaboraciones/Colaboraciones13.pdf


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